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COMUNICACIÓN EN EL ENTORNO FAMILIAR

27 Sep, 2017 | Psicología Comunicación y Lenguaje

En esta nueva entrada relacionada con el lenguaje y la comunicación ya iniciados en un artículo anterior, enumeraremos una serie de consejos para mejorar aquello que suele estar más dañado en una familia, al menos lo que en una situación complicada primero sale perjudicado: la comunicación.

Lo primero sería tratar de incrementar las palabras que tienen que ver con sentimientos positivos, y hacer visibles esas palabras de algún modo. Es decir, tratar de conseguir expresar asertivamente (término vital, y en declive en nuestra sociedad, que será tema central de un artículo próximo) todo lo positivo, que te produce: alegría, orgullo, satisfacción, alivio, compenetración, seguridad, etc., etc., etc. a miembros de

Es más, yo recomendaría “obligarnos” diariamente a elogiar algo de tu vida, familia, casa, proyecto en común, etc. a tus hijos, hermanos, padres, etc. Vivimos dando por hecho muchos aspectos positivos, momentos, hábitos, etc. que deberían de ser valorados en su justa medida. ¿Cómo?, pues expresando, una vez más, lo que pensamos y nos produce, por ejemplo, esa comida que nos han preparado, que me recojan en el trabajo, clase…, que me hayan comprado X ropa o algo, que te pregunten y se interesen por tu día, preocupaciones o deseos, etc. Y, también, ayudaría que siguieras con la lectura de este artículo.

En segundo lugar, sorprender a tu familia con algún «detallito», música, algo para compartir y, por ejemplo, un post-it o notita con algún mensaje especial que puedes colocar en una cartera, bolso o un estuche escolar. Trata de elegir las palabras y el momento donde ese mensaje puede ser más eficaz. También, incluso, se pueden dejar en algún lugar donde esa persona tarde en encontrarlo, como en el bolsillo de un abrigo, etc.

El caso es que las personas con las que más podemos entrenar y mejorar nuestra comunicación son con las que tenemos un contacto diario y, encima, son las que más nos importan generalmente (y además nos aguantan)

Tercero, trata de rebajar el uso del verbo «ser» y sus consecuencias que nos limitan, etiquetan y generan prejuicios; utilicemos mejor el verbo “estar”, “parecer” o “comportarse”, de forma que un “eres tonto” se cambie por un «estás tonto hoy, ¿qué te pasa?”… No puedes imaginar la importancia que la forma y la expresión puede hacer mella, para bien o para mal, en el otro.

En cuarto lugar, cuando preguntemos “¿cómo estás?” y quieras hablar con un miembro de la familia, procura sentarnos, apagar la tele y callar, no solo exteriormente, sino por dentro, es decir, deja de pensar en tus cosas, anula los prejuicios, detén los argumentos o las interpretaciones que suelen ocupar nuestra mente y busquemos prestar la máxima atención posible al otro.

Otro consejo, en quinto lugar, sería incrementar la cantidad de «síes» y rebajemos la de los «noes». Fíjate más en lo que tienen y no tanto en lo que les falta, anota logros, méritos, agradecimientos y házselos saber a todos de forma directa, sencilla, e incluso públicamente.

Y, por último, algo que se está perdiendo en nuestra sociedad: da más importancia a la voz humana… La tradición oral, escuchar algo de alguien, une a las personas, por lo general convierte a nuestros hijos se vuelven más inteligentes, su inconsciente aprende y retiene nuevas palabras, giros complicados incluso (salvo entrar en conflictos graves de intereses que no suelen ser normales dentro de una familia, eso dejémoselos a los políticos). Y a las parejas las refuerza en su faceta de cómplices y de mostrar y expresar las virtudes del otro, así como aquellos aspectos susceptibles de mejora.